No sólo buitres y ratas figuran en el censo de las
redacciones periodísticas, aunque ciertamente son de los más abundantes
entre su variopinta colección de especímenes. Pululan por cualquiera de
sus rincones, al acecho, ningún departamento está a salvo de ellos... ni
de las cucarachas, que también las hay.
Podría
parecer extraño, pero en este lugar en el que se plasman ideas por
escrito y donde se difunde la cultura no faltan burros, borregos, ni
algún que otro pequeño rebaño de ovejas, asustadas porque no existe
redacción sin lobos.
No es una granja
doméstica una redacción, ciertamente, pero convivimos con cerdos, los
que suponen que no les hace falta pasar por la ducha y se aplican el
desodorante directamente sobre los sobacos sudados. ¡Qué asco! Patos,
ocas y gallinas con sus alegres cacareos nos confunden y crean el
característico ambiente sonoro de las redacciones. Vemos perezosos que
no se mueven de sus asientos; tardan tanto en coger el teléfono que para
cuando lo hacen la noticia que les cuentan ha dejado de serlo. Marmotas
dormitando frente a la pantalla del ordenador. Zorros y zorras, tan
listos ellos, y ellas... Escorpiones y serpientes, seres venenosos que
emponzoñan.
Tiburones
en las altas esferas, como en cualquier empresa que a fin de cuentas
somos. Perros ladrando y otros que no se separan de sus amos, fieles a
quienes les dan de comer, esperando a que les tiren una pelota para ir
correteando a por ella, una vez, otra, otra, otra. ¡Quién se ríe al
fondo! Ah, es la hiena del lugar.
No todo son alimañas; bichos molestos, repulsivos, dignos del pisotón final que no podemos darles porque, a fin de cuentas, son compañeros. También compartimos redacción con águilas de la información, siempre atentas, veloces, de garras poderosas para capturar exclusivas al vuelo. Osos panda a quienes quisiéramos abrazar, adorables, amables, siempre con una sonrisa y la bondad por delante. Caballos que soportan el peso de sus fuentes y secciones, animales de noble raza, porte distinguido, capaces de correr cuando se necesita. Linces inteligentes y precisos, en peligro de extinción... como casi todos estos últimos ejemplares de los que nos cuesta encontrar, porque como sucede de manera general, lo bueno y lo malo sufren un desequilibrio brutal a favor de los últimos, tan abundantes. Vivimos juntos perros y gatos, lobos y ovejas, liebres y tortugas.
Comentarios